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Kirilenko frena en seco a Kobe Bryant
La inspiración de los europeos Mehmet Okur y Andrei Kirilenko permitieron a los Utah Jazz imponerse en la prórroga por 133-115 a Los Angeles Lakers y empatar a 2-2 las semifinales de la Conferencia Oeste. El quinto partido se jugará en el Staples Center el próximo miércoles y la presión ahora será para los Lakers, que tendrán que conseguir la victoria si quieren mantener la ventaja de campo.
Agüero devuelve galones al Atlético
Once años después, el Atlético volverá a la Liga de Campeones tras su victoria de anoche ante el Deportivo (1-0). Al rebufo de Agüero, un jugador imprescindible para la gran pasarela del fútbol europeo, el club rojiblanco ha logrado cerrar un ciclo volcánico que amenazaba con degradarle definitivamente.
Echaré de menos a Rikjaard
Hasta ayer, si los aficionados en un estadio de fútbol querían mostrar su enfado con el equipo, con el árbitro o con la junta sacaban pañuelos blancos y los agitaban en señal de protesta. Al fenómeno se le llama pañolada. Supongo que la cosa empezó espontáneamente -en esa época en que era normal no salir de casa sin un pañuelo de tela- y acabó por convertirse en costumbre.
Eusebio Ríos, futbolista y entrenador
Eusebio Ríos Fernández, fallecido el sábado a los 73 años, nació en la mítica Margen Izquierda. Allí se hizo futbolista, lo que imprime carácter, especialmente en aquellas épocas cuando pateó los campos del Galindo, el Ortuella, la zona minera, antes de pasar a la otra margen y mover el balón en los terrenos de otros dos históricos, ahora venidos muy a menos, el Arenas de Getxo y el Indautxu.
El Madrid desbrava al Zaragoza
El Zaragoza mordió, apretó los dientes y peleó con exasperación cualquier balón dividido. Pero ante el Madrid se contentó con el empate porque le mete en la zona de descenso pero le permite depender de sí mismo en la última jornada de la Liga. Se le presuponía una actitud condescendiente al Madrid, coronado recientemente como campeón de la Liga y dulcificado tras repasar al Barcelona en el Bernabéu. Acostumbrado a los festejos y al alborozo del éxito, el Madrid planteó un suicidio que casi acabó por convertirse en un seguro de vida. Tanto le divierte atacar como le revienta defender, tarea que consideró de los sufridores y no de un equipo que ya tiene el laurel sobre los cabellos. Así, abocado al ataque, con Robinho e Higuaín desatados, el Madrid propuso un duelo abierto, de correcalles y sucesivas alternativas. Fue un disparate atractivo, generoso y atento con el espectáculo. Sneijder y Guti representaron al dedillo el estado anímico del Madrid, alegre hacia delante pero perezoso a sus espaldas. El Zaragoza jugó a remolque: atacó cuando tuvo oxígeno; se defendió mal pero de uñas.
“Esto no es Tercera, es el Barça”
El pasado 6 de diciembre, el Barça B jugó en el campo del Masnou al mediodía. El equipo local igualó en el segundo tiempo los dos goles marcados por el conjunto de Pep Guardiola en el primero. “La bronca fue monumental”, recuerda uno de los jugadores. Normalmente, Guardiola analiza los encuentros al día siguiente, pero aquella tarde hizo una excepción. “Cerró la puerta del vestuario y nos dijo que muchos de los que estábamos allí no merecíamos defender la camiseta con la que jugábamos, que esos colores representan a mucha gente y muchos sentimientos y no habíamos sido dignos de jugar con ellos. Nos cagamos”, insiste el jugador.
Entrenador por definición
Valentí Guardiola le ha montado un museo a su hijo en una de las habitaciones de la casa familiar de Santpedor con una serie de piezas de coleccionista. Algunas comunes y otras más sentimentales. La última que reunió las pasadas Navidades es una fotografía ampliada de Antonio Espejo en la que se aprecia cómo Pep Guardiola aplaude como recogepelotas del Camp Nou a Terry Venables mientras el técnico inglés es levantado a hombros por sus futbolistas la noche en que el Barcelona alcanzó la final de la Copa de Europa de Sevilla-86 después de ganar al Gotemburgo en los penaltis. Más que por amor de padre, Valentí supo desde que Pep salió de casa a los 13 años que no pararía hasta alcanzar el banquillo del Camp Nou porque siempre fue un entrenador por definición. Ocurre que Valentí nunca imaginó que sería justamente la misma temporada en que colgó la foto de Pep mirando a Venables. Así de caprichosos son los guiños del fútbol, al fin y al cabo una cuestión de fe como tantas cosas en la vida.
La más triste de las despedidas
No es lugar para fiestas el Camp Nou, dado el estado de las cosas en un final de temporada apocalíptico. El partido ante el Mallorca sirvió para que la afición azulgrana se despidiera de Frank Rijkaard, un tipo querido desde las entrañas a la piel del Barcelona. Tiene sus cosas, pero es un buen tipo y se ve a la legua, así que la gente le quiere. Casi avergonzado por las muestras de cariño que le vienen dispensando aquellos que han trabajado con él y aquellos que ni siquiera le conocen, temía ser centro de una emboscada en forma de homenaje. El club le protegió a su manera, decidiendo que nadie debería echarle en cara a la directiva que le usara como paraguas.
Bazán pide paso
Con Gervasio Deferr lejos de su mejor forma y Rafa Martínez recuperándose de una espeluznante lesión en un dedo de la mano, luxación con el hueso al aire incluida, los Campeonatos de Europa de gimnasia se presentaban como un trago para el equipo español a sólo tres meses de los Juegos Olímpicos. Hasta que llegó Christian Bazán. El malagueño, 18 años recién cumplidos, los cuatro últimos en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, logró ayer cuatro medallas en los aparatos de la categoría júnior y con ellas quitó el mal sabor de boca de la actuación de los mayores -ni una final, ni siquiera la de equipos, tan lejos de los objetivos marcados- y presentó su candidatura para la cita de Pekín del próximo mes de agosto.
D'Antoni, fiesta en el Madison
Incluso antes de que concluya se dejan sentir las consecuencias de un campeonato apasionante como éste. Algunos equipos se distinguen por lo positivo, caso de Nueva Orleans, Utah y Houston, que, aunque haya sido eliminado, cuajó una primera fase de la temporada fantástica. Otros destacan por lo negativo, caso de Phoenix, Dallas y, como viene siendo habitual, Nueva York. Las franquicias mueven ficha sin dilación. Eso ha provocado el fichaje más sonado hasta ahora. Los Knicks, buscando sin duda un nuevo estilo de juego y una nueva idiosincrasia, han contratado a Mike D'Antoni. Llega a un conjunto sin rumbo que ha ido dando bandazos envuelto a menudo en polémicas y que no ha obtenido buenos resultados a pesar del muchísimo dinero que lleva invertido.
Sloan, el alma de los Jazz
Lo cuentan allegados de la figura más legendaria en la NBA. Los labios de Red Auerbach, mientras daba cuenta de uno de los humeantes puros que se fumaba sin necesitar la excusa de haber ganado algunos de los 16 títulos de la NBA que se adjudicó con los Celtcis, pronunciaron su legado. "Mi heredero es Jerry Sloan". No se equivocó. El entrenador de los Jazz, a sus 66 años, continúa en la cresta de la ola. Ni su edad, ni las limitaciones de la franquicia de una ciudad remota y con un clima tan duro como Utah, le han impedido reinventar el maravilloso equipo que formó en la década de los noventa, el de Stockton y Malone, el que llegó a la final de la NBA en 1997 y 1998, el que sólo los Bulls de Michael Jordan pudieron parar. Paciencia, fidelidad, sabiduría, oficio, motivación. Ése es Sloan, el hombre que dirige a los Jazz desde hace 20 años, un hecho inédito en los cuatro deportes mayores en Estados Unidos (baloncesto, fútbol americano, hockey hielo y béisbol), el quinto entrenador en la historia de la NBA que suma más de mil triunfos (1.089 por 717 derrotas), junto a Lenny Wilkens, Don Nelson, Larry Brown y Pat Riley.
El placer del éxito más difícil
El deporte no se acabará mientras se produzcan gestas como las del Ciudad Real. Parece que los hados y el azar habían marcado esta fecha en la historia del balonmano. Nuevamente, la realidad supera a los mejores guionistas.
Grandioso Ciudad Real
Tres días antes de viajar a Alemania para disputar el partido de vuelta de la final de la Liga de Campeones ante el Kiel, con el resultado adverso en el de ida (27-29), Talant Duishebaev no quería oír hablar de épica, ni de hazañas ni de nada que sonara a sobrehumano. Sólo, de confianza y trabajo. "Hay que darse cuenta de que jugamos fuera. Todo está en nuestra contra. Pero el equipo está dispuesto a luchar y a salir con dignidad. Por la cabeza no se nos pasa otra cosa que no sea ganar", sentenciaba el entrenador del Ciudad Real, sin atisbo alguno de duda en la victoria de su equipo. Y ayer sus jugadores no le decepcionaron. El Ciudad Real derrotó al Kiel (25-31) y se proclamó, por segunda vez en su historia, campeón de Europa. El colofón a una temporada en la que también han conseguido la Liga, la Copa Asobal, la Supercopa y la Copa del Rey. Los cinco títulos que ha disputado. Un éxito que escenificó y resumió el afán del equipo español por sobreponerse a la estadística, a los elementos y a sí mismo.
El problema de las tres paradas
En el equipo McLaren una estrategia nunca la marca el piloto. Y muchas veces ni siquiera los ingenieros. La marcan, básicamente, el ordenador y algunos cálculos matemáticos que antes no eran posibles. Fernando Alonso se quejó muchas veces el año pasado del poco caso que le hacían en la elección de la estrategia de carrera. Su opinión no contaba. Y la de Lewis Hamilton tampoco contó ayer. Me resulta difícil pensar que el piloto británico hubiera estado de acuerdo en ir a tres paradas a pesar de las múltiples ventajas que le concedía el ordenador. Pero la aceptó y acabó muy contento porque, según confesó, las previsiones le daban como quinto y, en cambio, se subió al segundo cajón del podio por delante de Raikkonen y por detrás de Massa.
Rayos y truenos contra Laporta
Aunque eran pocos (39.298), y diseminados, parecían multitud porque actuaban a coro, de manera prácticamente unánime, sin división de opiniones, todos a una como Fuenteovejuna. La bronca de la hinchada fue monumental y duró lo que no está escrito, o por lo menos nunca se había escuchado tanto ruido en el Camp Nou durante el mandato de Laporta. Aunque los hubo que guardaron silencio y hasta pidieron un respeto por militancia o caridad humana, que diría Gaspart, la mayoría no les hizo ni puñetero caso, les mandaron al carajo y continuaron con la bulla ante el asombro, por otra parte, de los turistas que se habían reunido en el campo como podían haber ido a los toros.
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